miércoles, 8 de mayo de 2013

Anécdotas en el Rocío en casa de mi hermano-I


Tenía la idea de que ese año no iría al Rocío porque tenía que quedarme en Huelva,  trabajando en la obra que tenía la empresa de mi hermano.
Pero yo sabía que la Señora  podía hacer un milagro. Así fue una llamada de mi hermano: ¡Pepe te vas a Sevilla, recoges a tu mujer y te vienes al Rocío! Me tienes que ayudar a organizar,  porque tengo muchos invitados y tú eres el que sabe de esto. Llegué y en buen rato ya estaba organizado.
Allí en la casa había gente de mucho peso y por todos lados había escolta. Pero aquello era una bendición, unos invitados muy educados y que trataban muy bien a todo el mundo. Aquella casa se convirtió en una gran familia que todo éramos iguales. Me gustaría decir que viva la “Blanca Paloma” que pone las cosas en su sitio.
En esta casa pasaron anécdotas de mucho arte, nunca se le negó a nadie de la calle un plato de comida, porque para eso mi hermano tiene un corazón de oro y es muy generoso.
Recuerdo que  entraban y salían muchos artistas por lo que no faltaba en ningún momento cante y baile de todos los palos del flamenco. Nos visitaban también conocidos poetas de Huelva, Isla Cristina y Sevilla.
Un día estando en la puerta de la casa viendo pasar a los caballistas, yo estaba acompañado de un cuñado del Presidente del gobierno Sr. D. Adolfo Suarez y que era su secretario particular. De pronto me dice: Sr. Pepe (que así me llamaban todos en la casa) mira que caballo más  bonito.  Yo me quedo mirando al jinete y veo que lo conozco, era un antiguo compañero de una obra. Lo llamé y los tres tomamos una copa. Este hombre nos invita para que nos paseáramos en el caballo por el Rocío. El cuñado lo montó y yo me quede tomando una copa con el dueño del caballo. Me comenta que había traído el caballo al Rocío porque quería venderlo. Me dijo que tenía problema en casa desde que se fue de nuestra empresa. Yo de momento le dije: el lunes estoy yo en la obra ¡así que ya tú tienes trabajo!
Cuando volvió el caballista solo eran piropo para el caballo y entonces le dije: si te gusta tanto el caballo cómprelo. Y desde ese momento me convertí en el corredor de esta operación. Le pregunté a uno ¿tú quieres comprar? Y al otro ¿tú vender? Pues hecho, ¿tú qué quieres por el caballo? y ¿tú cuanto ofreces? Pues dale la mano a este hombre y trato hecho. Tú que compras te metes la mano en el bolsillo y le das a este hombre 100 pesetas en señal. Me dice: yo lo compro pero no tengo ahora 100 pesetas. Yo le digo: bien yo te la empresto y no se hable más la operación ya esta cerrada.
Todos los invitados presentes terminaron con una ovación. El comprador y el vendedor se dieron un abrazo. Nos tómanos unas copas y el comentario en la casa ese día fue de este caso curioso que paso en el Rocío. Al cabo del tiempo vino a mí el vendedor y me dijo: Pepe  toma este sobre que es la comisión del trato que tú hiciste y que yo he respetado porque es tuya. Yo le dije que yo no le cobré al comprador y claro no le iba a cobrar a él, porque yo lo trabajé con gusto y ya estaba pagado.
Otro caso fue que un poeta de Isla Cristina que dormía en una mecedora como la de mi abuela. Este artista por la noche cuando dormía no roncaba, pero se llevaba toda la noche diciendo poesía en voz alta. También decía que los invitados se despertaban y le ponían  una botella de aguardiente a su lado para cuando se despertará. Unos de los días me dice: esta tarde quiero dedicarles una poesía a todos los invitados, porque ellos no me han escuchado nunca. Lo que no sabía que ya se sabían todos las poesías de memoria.
Otro fue que yo cuando me vine de Huelva para el Rocío, me traje a dos hermanos que trabajaban en la obra y que eran muy competente para ayudar en la casa. Uno de ello que se llamaba Manolo, tenía la gracia de leer las manos de las personas. Así que Manolo estaba en la casa rifado. Yo le pregunto ¿Manolo como estas hoy? Me contesta: fatal Pepe ayer cogí más manos que una olla de menudo.
Recuerdo de una reunión que entre ellos algunos eran familiares míos y que también estaba Carmina Ordóñez. Y le dijo a Manolo ¡léeme la mano! Le miro la mano y la soltó, le dice: no por Dios que tiene mucho que leer aquí hay para tres Rocío. Le dice Carmina: ¡bueno solo de amores! Manolo le dice: de amores tiene para llenar los depósitos de la Campsa y me voy porque tengo que hacer mucho en la cocina. A esta reunión le puse una copa y una fuente de mojama tan grande que me dijeron: ¡esto es mucha comida hombre que le vas a poner a los demás!. Me fui para  la cocina y vuelvo con varias  barras de mojamas tan grandes que parecían fusiles. Podéis imaginar lo que pasó con las barras de mojama, empezaron a hacer la instrucción militar. Eso se puso de moda en la casa y un poeta se acordó de una marcha militar pero le cambio la letra:
Soldado de Nápoles que va a la guerra,
 si mueres comiendo que buena mojama.

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